
Se puede definir un proxy como una máquina que intercepta las conexiones de red que un cliente hace a un servidor de destino. Hay varios tipos de proxy aunque el más usual es el proxy de web (comúnmente conocido solamente como “proxy”) que intercepta la navegación de los clientes por páginas web (normalmente monitorizando el tráfico del puerto 80) por varios motivos posibles, entre ellos, por seguridad, rendimiento o, sobre todo, monitorización del puerto de salida a internet.
Es, por tanto, el proxy el encargado de filtrar las conexiones a internet autorizando o denegando según criterios del administrador de red de la organización. Ahora bien, en aquellos sitios donde el proxy nos ‘corte’ el acceso a determinados contenidos de Internet, es dónde actua el, podemos llamarlo, truco que utiliza la función de traducción de la página de Google para ‘saltarse’ la retricción de las páginas baneadas por el proxy.
A modo de ejemplo:
Si tenemos cortada la página www.p.com y ponemos en la URL http://www.google.com/translate?langpair=en|es&u=www.p.com el resultado es que la petición se enmascara como una petición a la página google.com (esta página, por supuesto, debe estar autorizado por el administrador de red) aunque en realidad lo que pedimos es la traducción del inglés al español (en|es) de la página prohibida y que sea mostrado el resultado en el navegador.
Obviamente yo os recomendaría usar esta ‘propiedad’ de Google con prudencia dado que os estaríais saltando restricciones de seguridad impuestas por la organización en cuestión y los resultados, en caso de ser descubiertos, pueden ser indeseables. Y no os penséis que es dificil ver si alguien usa este método, simplemente, sobre el log del proxy habría que filtrar por google.com/traslate, es decir:
cat fichero_log_proxy | grep google.com/traslate
