26 de agosto de 2010
Este día era el cumpleaños de Mary Jo así que, como toca en fechas tan señaladas, decidimos que fuera un poquito especial para, al igual que hicimos en Praga el año pasado, recordarlo los años venideros. Para empezar desayunamos unos pasteles en la famosa y antiquísima pastelería Gerbeaud cuyos pasteles tienen, y puedo dar fe de ello, un gusto especial y eso que, lo reconozco, a mí no me atraen demasiado los dulces pero de esos me comería setecientos de una sentada.

Castillo de Buda
Después del desayuno pasamos a Buda a través del Puente de las Cadenas y nos dirigimos al distrito del Castillo de Buda al que, después de desdeñar subir por el funicular, ascendimos en apenas media hora.

Parlamento desde Palacio de Buda
Tras las pertinentes fotos, desde las alturas, de los monumentos situados en la orilla de Pest fuimos a visitar, sin haberlo previsto con antelación, lo que los húngaros vienen a denominar Hospital in the Rock, un bunker de la segunda guerra mundial que sirvió como hospital a los heridos y que, tras una visita guiada (en inglés) de una hora de duración nos pareció muy amena y recomendable sobre todo para las personas que, como Mary Jo, se mueven en el ámbito sanitario.

Tomando una cerveza en el café Miró
Antes de visitar el Palacio de Buda paramos a alimentar nuestras maltrechas piernas con un típico plato húngaro a base de pollo cocinado de tres maneras diferentes y servido acompañado de típicas salsas con paprika y demás aderezos junto a patatas y verduras de diferentes tipos.

Parlamento de Pest visto desde ventana del Castillo de Buda
Tras la visita del Palacio de Buda hicimos el intento de subir la colina de Gellert pero lo abandonamos por la idea de visitar el célebre balneario Gellert en el que se rodó el anuncio de los cuerpos Danone en la piscina principal de dicho balneario; por cierto, la piscina en cuestión es bastante más pequeña de lo que, en principio, parecía en el anuncio y, por supuesto, los cuerpos de allí tampoco eran los del anuncio.

Mary Jo comiendo en el distrito del Castillo
Posteriormente y tras refrescarnos en una de las innumerables fuentes de Budapest (en concreto en la que está enfrente del Hotel Gellert) por las que sale un agua fresquita y rica, cruzando otro puente para llegar de nuevo a Pest, visitamos el Mercado Central en el que compramos paprika y, de paso una tía lista intentó timarme con el precio de una botella de agua que quería comprar pero, lo que son las cosas, cinco minutos antes me había fijado que costaba justo la mitad de lo que me había dicho así que le dije que nones, me fui a la tienda de al lado, compré la misma botella y, acto seguido, pasé a su lado brindándole la botella al estilo torero que para eso el menda es español y procuro no ser panoli.

En el crucero nocturno ante el Puente de las Cadenas
Tras reírme, hasta el punto de regodearme, un ratillo de la lista de la tienda nos dirigimos a nuestra sede en Budapest (el bar Negro de la plaza de San Esteban) en el que cenamos un sándwich y un plato típico de Budapest del cual, todavía hoy, me estoy preguntando cómo coño se comía todo eso; en el plato había, separado en compartimentos, distintas salsas, carnes, panes tostados y cosas que se supone que se comían pero no se sabe muy bien cómo, ni en qué orden pero, bueno, el caso es que me lo comí como me apeteció y me quitó el hambre así que… objetivo cumplido.

Palacio de Buda desde crucero nocturno por el Danubio
Para finalizar el día cogimos, por los pelos, el último barco, a eso de las 22:30h, que hacia un crucero de una hora de duración por el Danubio y en el que pudimos ver, desde otra perspectiva y con una agradable iluminación, los monumentos más singulares tanto de Buda como de Pest. Por cierto, en la zona de Pest te dan muchos panfletos publicitarios entre los cuales hay ofertas interesantes como un dos por uno en cruceros como el que nosotros hicimos por el Danubio.

Mary Jo en barco del crucero nocturno por el Danubio
