27 de agosto de 2010
El desayuno, esta vez, fue en un restaurante cercano en el que nos tomamos un desayuno continental que había de oferta. Una vez llenado el buche cogimos carreterita y manta para pasar, una vez más, a Buda y subir a la Colina de Gellert.

Mary Jo al inicio de la subida a la Colina Gellert
Después de leer algunas guías íbamos con un poco de recelo porque decía que la ascensión era muy dura y penosa pero, tras llegar a la cima nos dimos cuenta de que no era para tanto o de que, tal vez, estamos físicamente mejor que la media.

Vista de Buda, Pest y Danubio desde la colina Gellert
Una vez en la cima de la colina y tras hacer las oportunas fotos de Pest, Danubio y Buda pagamos la entrada para ver la ciudadela y el bunker de la II Guerra mundial que hay allí arriba. Merece la pena pagar los dos eurillos y algo de la entrada aunque sea, simplemente, para ver el bunker y las estremecedoras fotos de la gente en la II Guerra Mundial. Te deja mal sabor de boca el sufrimiento de esa ciudad en la II Guerra Mundial pero, al fin y al cabo, esa es la historia y hay que aprender de qué pasó para no volver a repetir esas atrocidades que, como todas las guerras, no tuvieron en cuenta edades ni condiciones.

Vista del Palacio de Buda
Una vez desandado el camino más cómodamente porque ahora tocaba para abajo decidimos ir a ver la Sinagoga para, después de parar a tomar un pincho con una cerveza, regresar a comer al italiano Mamma para luego, con la panza hasta arriba de pasta y pizza, encaminarnos hasta nuestro hotel de la Vaci Utca para descansar y pegarnos una duchita.

Desde la colina Gellert
Por la tarde, teníamos pensado ir a ver el Parlamento e Isla Margarita pero, cuando íbamos por el paseo fluvial del Danubio junto a la orilla de Pest (justo a la altura del hotel Marriot) se desató una especie de vendaval que vino de la nada y que, en cuestión de segundos, nos impidió avanzar un solo paso y, acto seguido, descargó una tormenta espectacular. Así que, cambiamos rápidamente de planes y nos metimos en un bar a tomar unas cervezas y como vimos que no cesaba, fuimos al McDonald’s a comprar un par de ensaladas Caesar que fue lo que cenamos ese día.

Sinagoga
