22 de abril de 2011
El segundo día lo comenzamos desayunando como reyes en la Pastelaria (pastelería) Novo Milenio situada en las traseras del hotel. Desayunamos, entre los dos, cuatro tostadas de aceite, un vaso de leche, un zumo de naranja y un par de pasteles de Belem. La verdad es que el fallo fue nuestro porque pensábamos que una tostada era media tostada y, como os podéis suponer, no es así. Ni aquí ni, tampoco, en Lisboa.

Catedral de Lisboa
Esa mañana, tranquilitos, fuimos a la catedral y tras entrar en ella y escuchar parte de una misa cantada seguimos subiendo al castillo de San Jorge. La cola en el castillo era espectacular y, según me informé, no era muy de nuestro gusto el ver tapices y demás así que cambiamos la entrada en el castillo por unas cervezas en una terraza a la entrada del castillo y luego, eso sí, recorrer el interior de las murallas que era visitable sin abonar cantidad alguna.

Mary Jo en fachada de Aderga de San Roque
Para comer decidimos ir, tal y como nos recomendó nuestra amiga Cris, enfermera que vivió allí durante algunos años y conoce bien aquellos lares, al restaurante Adega de San Roque porque, según sus indicaciones, se comía bastante bien y a un precio muy razonable. Ciertamente es más tipo tasca que restaurante pero tiene un encanto especial comer rodeado, literalmente, de bufandas de equipos de fútbol; alguno de ellos desconocidos, por lo menos, para mí y también tiene su aquello ser servido por camareros que pueden tener tantos años como el bar. Allí comimos arroz tamboril y unos calamares junto con cerveza y agua y, verdaderamente, tanto de sabor como de precio, tal y como nos comentó Cris, mereció la pena.

Vistas desde el mirador que hay subiendo al castillo de San Jorge
Por la tarde, nos dedicamos a una de las cosas que más me gustan cuando salgo a algún lugar desconocido, esto es, vagar sin rumbo fijo y, como la tarde estaba mala (meteorológicamente hablando) y llovía a ratos, cada vez que le daba por apretar nosotros nos metíamos en un bar y nos apretábamos una cerveza o lo que fuera menester.
De hecho, incluso, cogimos el metro y nos fuimos a ver el enorme Centro Comercial Colombo (dicen que es el más grande de Europa) pero, decididamente, eso no es lo mío y apenas duramos una hora viendo tanta tienda.

Grafiti enorme que ocupa todo un edificio
A la hora de cenar nos decantamos por el restaurante, especializado en marisco, llamado Ribadouro pero, desgraciadamente, estaba hasta la bandera y había un par de mesas esperando y decidimos, sobre la marcha, tirar hacia el hotel a ver qué nos encontrabamos.

Mary Jo descansando en un banco de una plaza del Barrio Alto
Lo que nos encontramos fue que todo estaba cerrado excepto un Pizza Hut y fue donde acabamos cenando una pizza mediana Hawaiana y una ensalada Caesar que aunque no es lo ideal ni, mucho menos, está como el bacalao pero, por lo menos, mata el hambre.

Interior de Adega de San Roque













