26 de julio de 2011
Como el día anterior nos acostamos un poco tarde llegamos al desayuno un poco justos de hora pero, aun así, desayunamos lo mismo de siempre.

Playa de Ses Salines
Esta vez nos decidimos por la playa de Ses Salines (las salinas) situada en el extremo meridional de la isla. La larga curva arenosa que forma la playa está rodeada de pinos y dunas. Playa de aguas cristalinas y, desde hace mucho, considerada playa de moda en Ibiza y punto de encuentro de ricos, famosos y fans de la vida nocturna. Los bares, en su mayoría muy exclusivos, ponen música durante todo el día animando a la gente a disfrutar de cócteles (carísimos) en las hamacas. Al final de la playa se encuentran los nudistas, las familias hippies y las aves nocturnas -ej. Drag Queens-, que quieren descansar después de las largas noches ibicencas. En definitiva una playa que, si vais a Ibiza, no os podéis perder.

En el paseo marítimo de Ses Figueretes
Como había un poco de cansancio acumulado en el cuerpo decidimos ir a comer cerca del hotel con el fin de podernos echar una siesta así que nos decidimos por tomarnos una cervezas en Es Xiringuito de la playa de Figueretas para comer en el recomendable restaurante Prince Bar. Por cierto, tenemos que agradecer al dueño del restaurante la recomendación de, según él, el mejor sitio de toda la isla de Ibiza para disfruta del Bollit de Peix y el arroz a banda (plato típico ibicenco). Y a fe que no mentía porque los siguientes días regresamos al restaurante S’Espartar.

Playa de Ses Figueretes
Una vez recuperados tras la reparadora siesta decidimos irnos a la cala de San Vicente a la que llegamos tras serpentear por una estrecha carretera que nos dejaba ante una playa arenosa muy amplia de aguas cristalinas.

Cala de San Vicente
Alrededor de dos horas después nos fuimos a tomar un refresco a un bar cercano a la cala de San Vicente aunque, realmente, lo que queríamos era utilizar el baño porque, literalmente, nos estábamos orinando encima. Como, esa tarde, le había cogido el gusto al subir y bajar puertos por carreteras estrechas y serpenteantes, subimos a Punta Grossa para ver unas impresionantes vistas tras acceder a una zona acantilada desde la que se veía todas las calas de la zona.

Mary Jo en Punta Grossa
De vuelta al hotel para cambiarnos, ducharnos y salir a cenar decidimos pararnos, una vez pasado el pueblo de San Carlos, en el afamado mercado hippie de “Las Dalias” en el que compramos algunos regalos para los sobrinos y un regalo para Sofía, matrona amiga de Mary Jo con la que coincidimos toda la semana en la isla de Ibiza, ya que un par de días después era su cumpleaños. El mercadillo tiene un ambiente hippie, unos artículos hippies, unos vendedeores con aspecto hippie y unos precios pijos de cojones.

Punta Grossa
Para la cena estuvimos buscando un restaurante que un par de días antes me llamó la atención por su decoración y porque se notaba que los clientes eran, la mayoría, gente de la isla. Tras algunas vueltas dimos con el pequeño y muy recomendable restaurante “El moderno”. En un ambiente tranquilo y relajado a pesar de lo céntrico del restaurante cenamos una magnífica ensalada templada de langostinos aliñada únicamente con miel que estaba realmente deliciosa. Después tomamos un magret de pato delicioso. Todos los platos estaban servidos y explicados detalladamente por un personal muy detallista hasta el punto de que la cuenta nos la escribieron en el reverso de una postal ibicenca. Si vais a Ibiza, no lo dudéis, os encantará.

Mary Jo en el restaurante El moderno



















