Desde siempre he querido volar. Miraba a los pájaros y sentía envidia de esa facilidad que tienen. Soy de la opinión de que volar debe ser muy parecido a sentir una libertad extrema y cuando veía a alguien saltando en paracaídas me entraban ganas de emularlo por el simple hecho de que parecían pájaros.
Bromeando junto a Lolo
Este domingo, finalmente, y gracias a una cajita Smart Box que me regaló Mary Jo he podido disfrutar de esa sensación y, ciertamente, es mejor, incluso, de lo que me imaginaba.
Preparado para el salto
El lugar del salto era en Lillo (Toledo) y fue posible gracias al Centro de Paracaidismo Skydive Lillo en el que pude probar la sensación de la caída libre.
Junto a Lolo caminando hacia la avioneta
El caso es que, después de comprobar que iba a hacer bueno este fin de semana, reservé el salto para el domingo 20 de marzo a las dos de la tarde. Allí, tras registrarme en la oficina que Skydive Lillo tiene habilitadas al efecto y tras esperar en el bar tomando un Acuarius hasta la hora convenida (llegué con antelación de una hora procedente de Toledo donde habíamos pasado el fin de semana) me presentaron a Lolo, mi instructor en el salto y, con posterioridad, a Tiberio, la persona que iba a grabar el vídeo y hacer las fotos de mi primer salto.
Dentro de la avioneta
Enseguida Lolo me dio unas someras instrucciones del salto, principalmente la forma de colocarse al inicio del salto, a la hora de desplegar el paracaídas y a la hora de aterrizar y, con su buen hacer y meticulosidad a la hora de la colocación del arnés, enseguida te das cuenta de que se tratan de auténticos profesionales y que saben perfectamente qué se traen entre manos.
Inicio de la caída libre
Ya con el mono del salto puesto (talla cinco) y el arnés bien sujeto se presentó un simpático Tiberio diciendo que era la persona encargada de saltar conmigo con el fin de grabarme y hacerme fotos. Me hizo las típicas preguntas de por qué estoy allí, qué espero del salto y demás y tras echarnos unas risas debido a que le preguntó a Mary Jo que cómo se le había ocurrido hacerme un regalo que consistía en tirarme desde 4.000 metros de altura a una velocidad de más de 200 Kilómetros por hora, enseguida salimos hacia la avioneta.
Volando cabeza abajo
Nos situamos ordenados en la avioneta con cada instructor detrás de la persona con la que iba a saltar y empezamos el ascenso buscando los 4.000 metros de altura. Antes de alcanzar esa altura repasé con Lolo las instrucciones que me había dado en tierra y nos ajustamos los arneses.
Alcanzada la altura de salto y una vez autorizado a través de una luz verde de ‘Jump’ que se ilumina dentro de la avioneta, Tiberio abrió la puerta y se colocó fuera de la avioneta esperando que Lolo y yo nos posicionáramos al borde de la puerta con las piernas colgadas. Como fui el último que subí a la avioneta y ya se sabe aquello de que ‘los últimos serán los primeros’ encabecé la lista de los compañeros de vuelo en tener el honor de surcar los aires toledanos. Cogimos la posición de salto y tras un suave balanceo saltamos al vacío.
Caída libre
La experiencia y la sensación de balancearse a 4.000 metros de altura con los pies colgados es indescriptible. Luego, una vez iniciado el salto y ser consciente de que estás cayendo con la cabeza abajo a gran velocidad miras a tu alrededor y ves la parcelación de la tierra y un par de embalses de agua que, a tanta altura, parecen pequeños charcos.
Primer plano junto a Lolo
Mediante un par de toques en el hombro, Lolo me ordena que ponga la típica posición estabilizada que consiste en brazos y piernas semiflexionados y semiextendidos. De repente aparece Tiberio de la nada y se junta con nosotros mientras no puedo disimular mi cara de auténtico alucinado y disfrutando al máximo. En el tiempo que dura la caída libre (algo menos de un minuto), Tiberio baila a nuestro alrededor buscando caras y planos imposibles. Todavía estoy alucinado de cómo en un milisegundo pasó de estar grabándome cara a cara a estar justo debajo mío grabando boca arriba cómo caíamos sobre él. En el video se observa cómo se ayuda de la zapatilla para sujetarnos y lograr el plano que él quería. Un auténtico profesional.
Primer plano (fijáos en la curvatura de la tierra)
Desgraciadamente, como siempre que disfrutas algo con intensidad, se hace poco el tiempo que estás en caída libre y tras la orden de Lolo mediante las consabidas palmadas en el hombro pongo la posición de despliegue del paracaídas que consiste en poner las manos en la parte del hombro como si estuvieras ajustándote una mochila figurada.
Primer plano en caída libre
Tras el súbito tirón del despliegue del paracaídas, Lolo se interesa pegando su cabeza a la mía por mis impresiones de la caída libre y le digo algo así como que estoy alucinado y que ha sido espectacular. De hecho, grito un par de veces ‘Yabadabadoooooooooooo’, río, grito ‘Yujuuuuuuuu’ y le comento que las vistas espectaculares que se observan desde allí arriba. Además, con envidia veo cómo Tiberio seguía descendiendo y abría su paracaídas bastante tiempo después.
Caída libre
Luego, inesperadamente, Lolo me pregunta que si me atrevo a llevar los mandos del paracaídas a lo que, lógicamente, le contesto afirmativamente. Con los mandos en mi poder, me indica que podemos hacer rotaciones si subo una mano y bajo la otra. ¡¡Joder, lo que me hacía falta!!, pensé. Dicho y hecho. Subiendo la mano derecha y bajando la izquierda empezamos una espectacular rotación hacia la izquierda para luego, poco a poco, a través de la nivelación de ambas manos volvimos a estabilizarnos de nuevo. Volví a intentar la rotación hacia la izquierda y flipaba con la sensación de estar colgado de un paracaídas dando vueltas en círculos rápidos. Luego, brazo izquierdo hacia arriba y derecho hacia abajo para iniciar las rotaciones en sentido contrario.
Caída libre
Supongo que como me vería disfrutando al máximo y lanzado a probar cómo se manejaba un paracaídas Lolo me dijo, con tono de cachondeo y señalando una pequeña pradera, que podía aterrizar allí. Lógicamente, le dije que eso lo iba a tener que hacer él si no quería abrirse la cabeza. Acto seguido Lolo cogía de nuevo el control del paracaídas.
Inicio del despliegue del paracaídas
A la hora de aterrizar, tiré de abdominales y puse las piernas en alto y semiflexionadas con el fin que el aterrizaje fuera lo más suave posible. Y a fe de que nos posamos porque Lolo, con la maestría que demostró desde el principio, nos posó literalmente en el suelo con una suavidad increíble.
A punto de aterrizar
En el suelo ya estaba Tiberio grabando y haciendo fotos de nuestro aterrizaje. Lolo soltó las sujeciones que unían su arnés al mío y, con la ayuda de Tiberio, me puse en pie con una sonrisa de oreja a oreja mientras este último me preguntaba qué tal la sensación de salto tándem.
Recién aterrizado
Si observáis el video que pongo aquí debajo, cuando estoy contestando a Tiberio, miro hacia mi izquierda porque los compañeros de salto están aterrizando y el paracaídas de uno de ellos nos envuelve por completo.
La verdad es que el que me conozca un poquito sabrá que no soy nada nervioso (más bien al contrario) y, gracias a ello, supongo, pude disfrutar plenamente de cada uno de los inolvidables momentos en los que se fue desarrollando mi primer salto de caída libre.
Disfrutando de la experiencia
Desde que puse el pie en las instalaciones de Skydive Lillo hasta que salí con el coche de allí viví una de las experiencias más agradables y espectaculares de mi vida. Lo recomiendo totalmente a todo el que tenga esa curiosidad, son verdaderos profesionales y saben a qué están jugando.
Ahora, eso sí, como me temía en un principio, el gusanillo me ha picado y la experiencia deja un mono enorme así que me pregunto cómo será el salto en caída libre sin el monitor a tus espaldas. Y tienen cursos de paracaidismo así que… ¡¡Nos veremos!!
Este sencillo juego es bastante adictivo. Se trata de atrapar al gato intentando rodearlo mediante círculos verdes oscuros ya que estos son como un muro por los que el gato no puede pasar. Por tanto hay que pinchar sobre los círculos verdes claros e intentar rodear al gato. Lógicamente el gato avanza una casilla cada vez que pulsamos un círculo.
Este es un sencillo juego que trata, mediante sencilla pruebas, de averiguar tu edad cerebral. Ahora que están tan de moda los juegos tipos Brain Training os dejo el siguiente juego que a mi, particularmente, me ha parecido genial y sobre todo adictivo.
Como no todos manejaréis el chino mandarín tan bien como yo os voy a dejar las instrucciones a continuación:
1. Haz click en el enlace de abajo del punto 6 que pone ‘Pulsa aquí para jugar’ te llevará a una página web
2. Haz click en el botón ‘Start’
3. Espera la cuenta atrás y estate atento a los números que salen a continuación
4. Memoriza la posición de los números en pantalla y, después, pincha con el ratón en la posición de cada uno ordenándolos de MENOR A MAYOR
5. Tras algunas pruebas que irán subiendo de nivel (o bajando, si no aciertas) te mostrará la edad de tu cerebro.
Con este jueguecillo inauguro una nueva sección del blog que se llama así precisamente, Juegos.
En el que os pongo aquí debajo se trata de emular al famoso periodista iraqui que le lanzó los zapatos al amo del mundo. El periodista no le dió pero nosotros ahora podemos intentarlo y ver si tenemos más suerte.
El juego es sencillo tienes que elegir el zapato que le vas a tirar con el primer botón que está a la izquierda justo debajo de la imagen (botón blanco). Luego debes elegir la inclinación del tiro y la fuerza que le quieres dar con los botones que están a la derecha del todo. Finalmente, pulsa el botón lanzar (botón negro) para ver si hay suerte. A los cinco zapatazos en la cocorota se acaba el juego.