23 de julio de 2011
Con media hora de retraso, debido a que cancelaron el vuelo de Badajoz a Barcelona y, a los pasajeros que iban a Barcelona, los metieron en plazas libres del vuelo a Ibiza para llevarlos a la ciudad condal vía Ibiza, despegó el vuelo que nos trasladaba a la isla de Ibiza.

A la entrada de Dalt Vila
Tras hora y cuarto de vuelo aterrizábamos en el aeropuerto de Ibiza y unos minutos más tardes ya estábamos dentro del coche que alquilamos para recorrer la isla más grande de las pitiusas y que, cuarto de hora más tarde, nos dejaba justo en la puerta del hotel Europa Púnico situado en el centro de la ciudad de Ibiza.

Vista desde la Plaza de España
Debido a las horas y, por qué no decirlo también, al hambre que llevábamos salimos y en el primer garito (Croissanteria Bueniissiimo) que encontramos nos pedimos un bocata de tortilla y otro de pechuga de pollo que, ¡oh sorpresa!, estaban de muerte así que un par de veces más repetimos el tentempié en el mismo lugar.

Mary Jo en el mirador de la catedral
Volvimos al hotel a deshacer las maletas y, después de una siesta reparadora, volvimos a salir para situarnos y recorrer el centro y el puerto de Ibiza. También, ¡cómo no!, aprovechamos para sentarnos en la terraza de C’an Rafal y, mientras nos tomabamos unas cervecillas, observar la cantidad de gente que iba y venía sin, en principio, rumbo fijo.

Sujetándome los pelos en el mirador de la catedral
Para la cena nos decidimos por una ensalada de rulo de cabra y una ración de huevos rotos en la terraza de Café Mariano para coger fuerzas y recorrer algunas de los escaparates de las múltiples tiendas que estaban abiertas pasada la media noche.

Mary Jo tomándose una SIN en Can Nou





