Hay veces que, sin saber muy bien cómo ni por qué, te topas en tu vida con personas con las que, rápidamente, se crea un vínculo especial y en la relación prima la camaradería y la complicidad.

Con Alvarito
Conozco a Alvarito desde no hace mucho, alrededor de ocho años calculo y, desde el primer día en que se vino a presentar con esa mata de pelo rizada que, con el tiempo, derivó en el mote de Pelocho, sentí una predilección especial por ese chaval de casi metro noventa y tanta nobleza en sus actos como centímetros de altura.

Telefónica de fútbol sala
Desde ese primer día nos hemos juntado para jugar a fútbol y, unos años después, también, a fútbol sala todas las semanas. Aquel que haya jugado en un equipo de algo sabrá la relación especial y el buen rollo que se crea entre los miembros del equipo y, como siempre, dentro de un grupo hay un subgrupo con el que esa relación se torna en entusiasmo siempre que coincides. En el campo de fútbol, además, jugábamos el uno al lado del otro y, desde el primer día, no hicieron falta muchas palabras para entendernos; nuestra conversación dentro del campo se limitaba a mirarnos para entendernos y aderezarlo con algún ‘tuyo’, ‘ahí va’ o ‘quedas libre tú’.

Dedicando los trofeos
Pues ayer, un grupo de privilegiados, despedimos a Alvarito que regresa a sus tierras salmantinas junto a su mujer y sus dos hijas después de haber impartido clases en la Universidad Laboral todos estos años. Regresa junto a su familia y amigos dejando aquí un grupo de amigos incondicionales que harán de Salamanca parada obligada a la menor ocasión aunque sea sólo para abrazar a un tío con tanto corazón como nobleza.

Con Alvarito en una fiesta
Sirva esta entrada en mi blog como mi pequeño y particular homenaje a un tipo grande y especial. La despedida, con pocas palabras como en el fútbol… ¡¡Alvarito, un placer!!

Fiesta compañeros fútbol

Subscibo todo lo dicho por Chesquinho.
Un abrazo para pelocho desde aqui.