Todas las nochebuenas me pregunto lo mismo: “¿¿Por qué coño les da a todo el mundo por hacer ese día lo mismo que hago yo todos los sábados??”. Habíamos quedado a las dos en el Vivaldi pero, ¡la primera en la frente!, ya nos fue imposible entrar porque estaba atestado de gente y, para colmo, habían puesto un D.J. y la música estaba a unos decibelios desaconsejables para esas horas de la tarde así que, junto a Miriam y Mary Jo, nos fuimos al Arnaiz y avisamos a los demás para que nos localizaran allí.

Grupo en la cafetería del Hotel Extremadura
Al Arnaiz se presentaron Mari Paz y Chepe y, tras algunas cañas con sus respectivos pinchos, decidimos ir a comer algunas raciones. Por el camino nos encontramos a Montaña y Diego y, tras intentarlo en el Eustaquio y en el Rafa, finalmente acabamos en la cafetería del Hotel Extremadura.

Grupo en la cafetería del Hotel Extremadura
Allí se juntaron con nosotros tanto Paula y Miguel Ángel López como Encarna y Miguel Ángel Hurtado y nos comimos unas tostas, raciones y bocatas. Me sorprendió la relación calidad-precio de lo que comimos y, quitando que estaban desbordados por la aglomeración de gente, estuvo bastante aceptable lo que comimos así que, creo, habrá que repetir en otra ocasión.

Miriam y Mary Jo
Con las alforjas llenas de condumio decidimos, ¡en qué momento!, ir a la Madrila a tomar algo y, no se quedó en el intento de milagro pues, tras intentarlo en numerosos establecimientos (incluido el famoso y oscuro Tacones que ahora se llama Poker), fue en el Desván de Pepa el lugar en el que encontramos un huequecillo donde hacernos fuertes y poder tomar algo medio decentemente.

Las niñas en el Desván de Pepa
Alrededor de las seis y después de asombrarnos con la facilidad que tiene algunas para ponerse a mover el esqueleto (¡¡Chepe eres un cortarrollos!!
) fuimos despidiéndonos y deseándonos lo típico de estas fechas.

El maharajá con sus maharanís
Yo había quedado con mi hermano Luma en que nos iriamos juntos a casa de mi madre para cenar así que, tras una rápida llamada, nos fuimos al Tocata de la Madrila Baja en la que nos tomamos, de gañote, un brugal y estuvimos bailando junto a mi hermano Luma y mi cuñada Elena hasta que decidimos, cerca ya de las ocho de la noche, irnos a cenar y, sobre todo, a disfrutar de los juegos con mi sobrino Luigi.

Con mi hermano Luma y mi cuñada Elena
