21 de agosto de 2010
Apenas una hora después de salir de casa estábamos cómodamente sentados en la cafetería del renovado aeropuerto de Badajoz y otra hora más tarde ya nos encontrábamos plácidamente sentados en el avión que, tras una hora y diez minutos de vuelo, aterrizaba en el aeropuerto de El Prat de Barcelona. Más o menos un par de meses antes había reservado, a través de internet, el vuelo Badajoz-Barcelona por 139€ por persona (ida y vuelta). Total que, desde casa hasta Barcelona, tardamos poco más de tres horas. Esto es una comodidad irreconocible para estos lares y, los extremeños, deberíamos usar las instalaciones del aeropuerto con más asiduidad porque, al fin y al cabo, este tinglado también está asentado en el principal axioma del capitalismo que no es otro que la ley de la oferta y la demanda, es decir, cuanto más volemos más vuelos habrá disponibles. Y, ciertamente, al menos en este vuelo, bien que se cumplió puesto que no había ningún asiento libre y, aunque nosotros ya llevábamos nuestra tarjeta de embarque con los asientos asignados gracias a las facilidades que ofrece internet, a la hora de facturar una chica de Iberia nos ofreció volar al día siguiente y pagarnos el hotel y cien euros por persona debido al temido overbooking. Nosotros, amablemente, rechazamos la oferta y nos congratulamos de llevar la tarjeta de embarque impresa desde casa ya que eso nos aseguraba plaza y asiento numerado en el avión.
Una vez en suelo catalán y gracias a que nuestras maletas salieron de las primeras pudimos coger (casi fue un abordaje) el aerobús que nos dejaba, tras media hora de trayecto y tres paradas de por medio, en la Plaza de Catalunya justo debajo de El Corte Inglés. De ahí al hotel Avenida Palace **** apenas había cinco minutos andando ya que este se encontraba en la Gran Vía de les Corts Catalans, 605 junto a la parada de metro de Paseo de Gracia. Cenamos, debido a que eran ya las once de la noche, en el mismo hotel.
