Hoy toca una entrada de autobombo. No voy a negar que es verdaderamente reconfortante y, para mí que desde pequeño estoy acostumbrado a luchar para ganar y, consecuentemente, el deporte me ha forjado un caracter sumamente competitivo, es una gozada seguir superando a otros deportistas a los que, en la gran mayoría de los casos, les llevo unos cuantos de años de edad. Estoy hablando, esta vez, del campeonato de copa de fútbol sala interministerial que, un año más, hemos ganado. Bien es cierto que en toda competición de caracter colectivo necesitas de la compañía y el apoyo de otros deportistas que, en la misma medida que yo, son igualmente merecedores de reconocimiento ante su buen hacer. Por esto el compañerismo y la camaraderia es una de las virtudes que más destaco en cualquier persona y, por tanto, como es obvio, me desquician las personas egoistas.
Puedo entender el deporte por el placer de hacer deporte o por el indudable beneficio que le reporta al cuerpo de la persona que lo practica pero lo que no puedo entender es una competición sin el objetivo de ganar todo y a todos. Por eso me suelo partir la caja cuando alguien me dice que lo importante no es ganar sino participar. Y una polla como una olla.
Aquí, en la foto de debajo, ‘felicitando’ a un compañero que no pudo ir a jugar la final:

