Desde esa primera vez que la vi hasta este último fin de semana que me la encontré han pasado más de veinte años y cada año de esos más de veinte le han sentado como una mala puñalada trapera en el estómago. Ha pasado de ser una flor en el desierto a dar pena mirarla y todo, esa es la verdadera lástima, por la puta droga. Su historia es una más de muchas, malas compañías, un mal novio, luego otro peor, distanciamiento de su familia, bajo rendimiento en un trabajo mal pagado, un embarazo no deseado y, entre medias de todo esto, malas decisiones. El último fin de semana me topé con ella y hablamos durante un tiempo. Sus últimas palabras fueron: "Chesco, me ahogo en esta mierda y ya no tengo fuerzas"
Se ha escondido en sí misma, huye hacia sus adentros, corre directa hacia el final. Fue una flor, un rayo de sol entre las nubes.

Pues no caigo….