El día 30 de diciembre (martes) a eso de las 14,30h, tras un viaje de unas cuatro horas y media desde la capital del reino (mucha niebla en los primeros kilómetros y atravesar Despeñaperros lo dice todo), llegamos al hotel “Las Almenas”. Un hotel de unas falsas tres estrellas porque, realmente, debería tener una más. Muy céntrico, todo muy nuevo, estupendamente cuidado, con esmero en los detalles y un trato exquisito. Verdaderamente recomendable. Por cierto, esta es la vista desde nuestra ventana, la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias.

Tras dejar nuestras maletas en la habitación salimos con intención de situarnos y comer algo cerca del hotel. Dimos con nuestros pasos en “La Barrica” un bar atestado de gente granaina y, por lo tanto, con algo bueno. Pedimos un par de cañas y nos dijeron que de qué queriamos las tapas recomendándonos un arroz que, según el camarero (y no mentía), les había quedado bastante bueno. Cuando vimos las tapas entendimos la fama de Granada y sus cañas. Con tres de estas tapas habías comido. Y la caña y la tapa a dos euros, por tanto, bastante bien de precio. El caso es que hicimos de “La Barrica” nuestra sede y rampa de lanzamiento hacia los distintos sitios que deseabamos visitar.
Después de la siesta fuimos a ver el centro de Granada y ver qué nos encontrábamos. Caminamos sin mapa y sin rumbo fijo. Simplemente ver qué nos encontrábamos. Ya habría días para ir a los sitios recomendables. No sé si será querencia pero lo primero que vimos fue la famosa calle Mesones, una calle llena de tiendas que nos llevó a la catedral de Granada. Inmensa y megacatedral que queda enclaustrada entre calles estrechas que, al no tener explanada o jardines delante, hacen que su visión no sea del todo digna debido a una perspectiva demasiado reducida. Lo mismo nos pasó con la bonita catedrál de Florencia. Demasiado apretada.

Tras la visión de la catedral atravesamos la Gran Vía y nos tomamos un par de cañas (con un plato de los de pizza lleno de pasta, bocatas pequeños, aceitunas y patatas) en un pub original llamado “La Bella y la Bestia”.

Después vimos que había mucha gente en una calle estrecha y enseguida nos dimos cuenta de que estábamos en la original calle de las teterías o Cuesta de la Calderería Nueva, una calle con un ambiente especial y olor a incienso. Arriba del todo había un grupo de gente, tipo Womad, tocando el cajón flamenco, yambees y percusiones varias dando a esta calle un toque peculiar.
Regresamos, vía Gran Vía y Acera del Darro (en la siguiente foto una fuente decorada al estilo navideño) a nuestra sede a por tres cañas con sus tres tapas y esa fue nuestra cena. 12 euros y hasta el culo de comida.

