Tras la juerga del sábado por la noche; como es lógico, el domingo estuvimos de asueto y descanso. Nos levantamos pasadas las dos de la tarde y Arturo tuvo a bien marcarse esta pedazo de paella que veis en la siguiente foto y que estaba de muerte. Yo repetí tres veces.

Ya por la tarde nos dimos un paseo por la zona del Paseo de Extremadura para estirar las piernas e intentar hacer un poco de hambre para la cena.
Al día siguiente, lunes, Arturo y Susana trabajaban así que Mary Jo y yo aprovechamos para estar todo el día por el centro de Madrid de compras. A las diez y media nos estaba dejando el metro en la estación de metro de Ópera y a las once menos veinte ya estábamos dentro de Celio en la calle Arenal. Después, lo típico, Sol, Montera (sigue habiendo ‘personas de mal vivir’ apostadas en sitios estratégicos de tan famosa calle), Gran Vía, Preciados, Alcalá, etc…
Tras comprar bastantes cosas, prendas de vestir en su mayor medida y para Mary Jo en su práctica totalidad, nos fuimos a tomar unas cañas y, posteriormente, a comer, nuevamente, a la Taberna del Marciano (dónde estuvimos cenando el sábado con el grupo de amigos de Susana y Arturo) y nos marcamos, ahora sí, con hambre y mucho gusto, una ensalada, dos sartenes de jamón y de setas y gambas con patatas y huevos.
Ya por la tarde, después de comer, decidimos ir a la Plaza Mayor para ver qué se cocía y asombrarnos de la cantidad de gente con ganas de marcha que ya se veía por la calle Mayor. Muchos de ellos con pelucas de distintos colores. La Plaza Mayor ya estaba hasta arriba de gente comprando el típico cotillón para Nochevieja.

Aquí recordé que llevaba cámara de fotos y nos hicimos algunas de ellas. Debajo estoy ante la estatua ecuestre de Felipe III.

En la siguiente y también en la Plaza Mayor aparece Mary Jo con algunas bolsas de las compras. No eran todas porque dentro del bolso (que Mary Jo me emplumó a las primeras de cambio alegando dolor de cuello) había unas cuantas bolsas con objetos pequeños.

Con posterioridad y para rememorar tiempos pasados Mary Jo me dijo que tenía ganas de ir al Cortilandia del Corte Inglés. Llegamos a eso de las cuatro y media pero, el primer pase, no empezaba hasta las seis así que aprovechamos esa hora y media (¡cómo no!) para entrar en el Corte Inglés y seguir comprando.

Tras salir a eso de las seis para ver el comienzo del show de Cortilandia (estaba atestado de padres con sus hijos pequeños y Mary Jo y yo con nuestras bolsas) encaminamos nuestros pasos al edificio de Música, Electrónica e Informática de El Corte Inglés de la calle Preciados para hacer las últimas compras del día. Con tantas compras nos había entrado un poquito de ganas de beber y nos fuimos a una de las calles paralelas a Preciados a tomar un par de cañas en un bar asturiano. Una vez agotados nuestros recursos (físicos y monetarios) encaminamos nuestros pasos hacia Sol y descansar un ratillo.

Una de las cosas que más me llamó la atención es la cantidad de gente que hacía cola en las Administraciones de Loterías del centro de Madrid tales como El Doblón de Oro de Sol y, sobre todo, Doña Manolita de Gran Vía. Para que os hagáis una idea este era el aspecto de la calle Preciados a las siete de la tarde (eso que parecen hormigas y puntitos son personas).

Pues ese ha sido, grosso modo, nuestras navidades madrileñas. Por cierto, no quería dejar de pasar este momento para agradecer tanto a Susana como a Arturo su acogida y su disposición porque nos han tratado mejor que en un hotel de cinco estrellas. Para que os hagáis una idea, nos cedieron su cama de matrimonio para dormir ellos en una que parecía la del zulo del Ortega Lara y no nos dejaron, el tiempo que estuvimos con ellos, pagar ni una mísera caña. Además, comimos cojonudamente a mesa servida y mesa recogida porque ni nos dejaban hacer la comida ni podíamos, siquiera, recoger la mesa. Por tanto, como de bien nacidos es ser agradecido desde aquí nuestra
s gracias elevadas a la enésima potencia. Ya les he dicho que como sigan tratándonos así corren el riesgo de que nos habituemos a la buena vida de Madrid.
Y ya para terminar, que sepáis que estoy escribiendo esta entrada desde un precioso hotel, muy céntrico, de la bonita ciudad de Granada donde pasaremos cuatro días, entre ellos la Nochevieja.

Cheeeeenchooooo!!!!!! Por fín te he encontrado Cabronazo que susto nos habías dado, ya verás cuando te coja Jose Luis Lopez Vazquez, Cheeenchooo…..