Ayer, sábado, tras levantarnos tranquilamente estuvimos haciendo un poco de tiempo para que diera la hora de irnos a casa de Inés (la madre de Arturo) con el fin de comer junto a la familia de Arturo. Allí, junto a Inés, estaban todos los hermanos de Arturo (Jorge, Carlos y Emilio) y Maider (la pareja de Carlos) que, además, está felizmente embarazada. Mientras esperábamos la llegada de Jorge (profesor de piano en Paris) que estaba ensayando para la próxima publicación de un disco, su hermano Emilio tuvo la buena idea de improvisar, para hacer más amena la espera, una especie de fiesta de la cerveza. Sacaron del frigorífico un barril bien fresquito de cinco litros de cerveza. En la siguiente foto se puede ver a Susana y Arturo sacando cerveza con Inés al fondo observando.

Tras una agradable y abundante comida aderezada con una buena y prolongada conversación (aunque hubo un par de disidentes que prefirieron la siesta a nuestras diatribas) hicimos la siguiente foto para inmortalizar el evento.

Por cierto, fijaos que casa de muñecas más realista y con tanto detalle que tuvo a bien enseñarnos Inés.

Tras despedirnos de la familia de Arturo hasta no mucho tardar (que diría mi abuelo) nos fuimos a dar una vuelta por el centro de Madrid para ver las famosas luces (a mi me parecieron muy normalitas) que adornaban con ambiente navideño todo el centro de la capital.

Al fondo está la famosa Cibeles.

Como habíamos quedado a las 20,00h con amigos de Arturo y Susana para cenar encaminamos nuestros pasos hacia la zona de Sol. En la foto se puede observar el famoso reloj de las campanadas.

Cuando estuvimos todos reunidos, nos fuimos a cenar a la Taberna del Marciano donde habían reservado mesa para los quince que nos juntamos. Así que, ¡qué se le va a hacer!, otra vez a sentarse a comer. Fue también una abundante comida en la que disfrutamos conociendo a gente muy agradable. Eso sí, no estuve muy listo y me senté (como podéis ver en la foto) en el medio de una larga banqueta de madera y, a media cena, con eso de las cervecitas tenía la vejiga urinaria al borde del colapso pero, por no molestar a la gente, esperé a que alguien tuviera mi mismo problema. Pero no sé por qué, aquí, en Madrid, la peña tiene la vejiga más parecida a la de las vacas y tardaron en notar que reventaban así que cuando, al fin, puede evacuar se me pusieron los pelos de punta de las ganas que tenía. La cena estuvo estupenda y el sitios es muy céntrico lo único que las banquetas eran para David el
Gnomo y amigos y yo, tras las tres horas de cena que nos pegamos, en lugar de piernas parecía que tenía ancas de rana.

Tras la cena nos fuimos a un garito en el que nos tomamos, casi todos, un mojito en el que el barman echó el ron Carta Blanca sin conocimiento ninguno y el resultado fue un pelotazo de los que hacen que se te rice los pelillos del cogote. En la siguiente foto Mary Jo y yo con los mojitazos.

En el mismo garito junto a Susana y Arturo y nuestros mojitos cubanos.

Parte del grupo de amigos de Susana y Arturo. En primer plano Jorge, hermano de Arturo, un tío excepcional con mogollón de buenas historias de sus veinte años de vida parisina.

En este garito se nos unieron unas amigas cordobesas que andaban por la zona. Aquí aparezco con ellas.

Tras los mojitos y como la peña quería más juerga y los garitos por estos lares chapan a las tres, a través de uno de los amigos de Arturo (como podéis entender no quedé más que con el nombre de la hija de una de ellas, Fabiola) abrimos un restaurante que ya había cerrado y nos tomamos una copa. Allí la gente empezó a largarse y los rezagados que no teníamos ganas de irnos a casa nos metimos en un club privado (cuyo encargado conocía el dueño del restaurante anterior) en un segundo piso de un bloque cualquiera sin indicación ninguna de que allí estaba eso. Ya quedábamos sólo diez y allí estuvimos, en una especie de salón privado, hasta las seis y pico de la mañana que, literalmente, nos dijeron que iban a cerrar.

Abuela luego nos sube el azucar.