Pasaban dos minutos de las once de la noche cuando sonó el timbre. Sobresaltado por lo intespectivo de la hora observé por la mirilla y pude distinguir a Raquel, la vecina de al lado.
- Buenas noches, ¿no estarías dormido, verdad? – me preguntó con tono quejumbroso
- No, no te preocupes. Estaba viendo Anatomía de Grey – respondí animado con el fin de no darle importancia
- ¿Entiendes algo de grifos? – me preguntó
No debí de poner muy buena cara porque me dijo que le acompañara hasta su cocina. Allí, en la cocina estaba la Sra. Delfina, madre de Raquel, y una amiga de esta última que había venido de Sevilla, según me comentó después, para asistir a un funeral.
- Ahí está el problema – me dijo señalando al grifo de dos mandos con forma de rueda situado en el fregadero
Sobre el fregadero, desparramadas, estaban algunas herramientas tales como una llave inglesa, un par de alicates e, incluso, un martillo junto a un trapo arrugado. Del grifo salía, lógicamente, agua.
La verdad es que, en principio, yo no entendía bien cuál era el problema porque lo que yo veía era un grifo del que salía agua. Algo, por otra parte, normal para mis entendederas.
- Es que no somos capaces de cerrarlo – acertó a decirme Raquel tras observar mi cara de incredulidad
Con estas dirigí mis pasos hacia el fregadero y asiendo una de las ruedas del grifo giré lentamente mi muñeca y el agua dejó de fluir. Con las mismas me giré y pude observar las caras aturdidas de las tres al ver que ya no manaba agua del grifo. Ante esas caras atónitas me sentí como David Copperfield en uno de sus famosos shows o, incluso, como si en mis manos se hubiera posado la divinidad y, con ese sencillo giro, se hubiera obrado el milagro del siglo.
- ¿Cómo lo has hecho? – preguntó la Sra. Delfina
Juro que en estos momentos pensé que había una cámara oculta o que, aún peor, esas tres estaban cardiacas y el grifo era una excusa para violarme.
- Pues nada, lo he girado y ha dejado de salir agua. Lo normal en estos casos – le contesté dirigiéndome de nuevo al fregadero con la intención de repetir la maniobra.
- ¡No lo hagas que no vuelve a cerrarse! – me gritó, de repente, la amiga sevillana agarrándome del brazo con el fin de evitar que abriera de nuevo el grifo.
Llegados a este punto lo tuve claro. Me había quedado dormido viendo Anatomía de Grey y esta situación era uno de esos sueños tontos que todo el mundo tiene. Es más, pensé, debía ser fruto de todos los capítulos de Las Chicas de Oro que me tragué en mi infancia y, ahora, con la edad, me estaba pasando factura Blanche Deveró, Dorothy y la abuela Sophie reencarnadas en Raquel, la amiga sevillana y la Sra. Delfina.
Haciendo caso omiso al desesperado grito de la amiga sevillana giré el grifo hacia la derecha, salió agua durante unos segundos y, acto seguido, giré el grifo en dirección contraria y el agua dejó de manar.
- ¡Tatachaaaaaaaaaaaaaaaan! – dije imitando a los magos ante su más famoso truco tratando de relajar un poco esa escena tan surrealista en la que se había transformado la cocina de mi vecina.
- ¡Anda pero si tu le has dado al azul! – exclamó Raquel
El enigma estaba desvelado, la Sra. Delfina había estado fregando los platos de la cena con el agua caliente y, sin darse cuenta, supuse, había girado también el de la fría y a la hora de cerrar los grifos sólo se centró en el del agua caliente y, claro, el agua que salía era del grifo de la fría. Ellas, según me dijo, ya más relajada, Raquel, habían intentado cerrar el grifo del agua caliente, primero, con la llave inglesa; después, con unos alicates y un trapo y, tras estar intentándolo durante una media hora, decidió avisarme.
Y así, con la moral de las tres ‘chicas de oro’ por los suelos ante aquella magna cagada cometida; volví al sofá con la serie ya acabada. Todavía con la cara de incredulidad reflejada en el rostro le conté a Mary Jo los hechos acaecidos y cuando le pregunté cómo había acabado el capítulo, con una sonrisa en la boca, me dijo que no me lo contaba porque lo que había hecho, realmente, era irme a ligar con las vecinas. ¡Tiene huevos!


…Y Mary joe tiene razón,ya no sabes que excusa buscar para salir de casa.