22 de septiembre de 2008 |
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Ayer, domingo, hubo zafarrancho de combate y nos pusimos ‘manos a la obra’ a pintar una habitación que teníamos dejada de la mano de Dios y que se estaba convirtiendo, poco a poco, en un enorme trastero.
El hecho de pintar no fue porque estuviera muy estropeada la habitación, ¡qué va!, de hecho, estaba pintada desde hace apenas un par de años y no había tenido mucho trote pero es que, según la decoradora Mary Jo, no pegaba con el armario semiempotrado y los muebles que nos había hecho el carpintero.
Lo cierto es que, como siempre, Mary Jo tenía razón y ahora parece otra habitación ya que una cosa es que yo sólo sea capaz de ver 16 colores (como casi todos los hombres) y ella sea capaz de distinguir entre una gama de millones de colores (vamos como una tarjeta gráfica de las buenas) y otra es que no sepa ver la realidad. Ahora, eso sí, para mi el color pistacho no existe, ni el verde limón, ni el color melón sapo, ni nada por el estilo. Nosotros pasamos del lila al amarillo como puede verse en las fotos.
La técnica a seguir es bastante fácil con las herramientas adecuadas, un poco de aguaplast para tapar huecos o grietas, un par de buenos rodillos, una brocha para sitios de dificil acceso, pintura, buscar en internet la técnica de pintura con rodillo (que parece que no pero la tiene), un poco de sentido común y de maña y alé. ¡A pintar!
En esta foto se ve la diferencia de colores o, para las mujeres, de tonalidades.
La técnica es, grosso modo, pintar las esquinas y recovecos primero y luego con el rodillo siempre escurrido de forma similar proceder a pintar el resto. Aquí estoy subido a una escalera pintando la parte superior de la puerta.
Le dimos un par de manos para que quedara bien. La primera, por la mañana, a eso de las 12,00h y la segunda, por la tarde, nada más terminar de comer.
Como la cosa en mi azotea no anda muy bien, una vez terminado y con la pintura sobrante (poca porque ajustamos para que sobrara un poco para retoques) me pinté de indio para hacerme un par de fotos como si fuera Sitting Bull.
Al principio Mary Jo se resistió pero, como buen indio y amenazándola con cortarle la melena y exhibirla de trofeo, pude, más o menos, forzarla y le pinté la cara. Luego hacerse la foto fue más fácil.
Esta más de cerca y sin el pañuelo de pirata para parecerme, todavía más

, a Tatanka Iyotake.
Al final, la habitación ha quedado digna de Pinturas "Andrés Santillana" y, si alguna vez, me aburro de servidores, firewalls, proxies, routers y demás, ya sé que de esto puedo comer. Ahora que lo pienso, tal y como están las cosas, seguro que hasta incluso gano más dinero.
Muy bien,muy bonito todo,pero para hacer el indio no hace falta pintarse la cara,o si no se lo preguntas al Joey,que la otra tarde casi le dejo la pared de su habitación como un colador de diseño.¡Vaya par de indios! ya te contaremos este finde.