Lo cierto es que, en mi caso, es una etapa que siempre recuerdas con alegría y lo único que afloran a la mente son buenos recuerdos. Allí, conocí con dos años de edad a Sergio con quién todavía me fustigo los fines de semana, al Grillo, a Juanito ‘el chulo’, Antonio Aurelio, al Galindo, al Teta, al Luisma, a Joaquín, Moisés, Alfredo ‘Carabina Olímpica’, Gustavo (¿qué sera de Gustavo?), Javi Sanz, los hermanos López (Antonio y Víctor), Victor Manuel y muchos otros que, seguro, ahora no me vienen a la cabeza. También estaba allí aunque, en principio, en cursos superiores Diego y Miguel ‘Petus’, amigos con los que, como Sergio, tenemos una relación de fuerte amistad desde entonces. Y, nosotros, además, eramos de los que teníamos la suerte de tener un colegio mixto, porque también recuerdo a Estefanía, María del Mar, Rosa Cecilia ‘bolígrafo de 10 colores’ Quintanilla, Rosa, Mónica ‘la de los metales’, Piluca, Patricia, Graciela, etc…
Puedo decir de memoria todos los profesores que tuve desde que entré hasta que me fui (cosa que no puedo hacer ni del Instituto Hernández Pachecho ni de la Escuela Polítécnica). Los Silvia, Maite, Rufi, Angelines, Doña Paula, Domingo ‘Cabuvy’, Don Antonio ‘Viruto’, etc…
Miles de anécdotas que van desde meter palillos en las cerraduras para no hacer exámenes hasta gastarnos el dinero, que nos daban para hacer un teatrillo, jugando al spy-hunter en los recreativos. El día que le rompí las gafas al Cabuvy de un balonazo, el guantazo que le sacudió Don Antonio a Sergio, los yuyus que dejaban los cojones en cualquier farola, las partidas interminables (antes de entrar a clase o al salir) de bolindres, el pincho, fútbol, rescate, media manga manga entera, el Luis XV de Diego en la clase de historia, cuando nos metiamos 15 tíos en los servicios porque algunos ya empezaban a fumar y entró el Viruto y nos fue despidiendo uno a uno hasta que se hartó y dijo: “¿Pero cuántos estaís ahí y, sobre todo, qué coño hacéis?”, el famoso: “¡Cómo me toques se juega los garbanzos” del Grillo, las tocadas masivas de tetas al Teta que ya las tenía más grande que todas las de nuestra clase, las excursiones a Sevilla-Córdoba-Granada, el “por qué tiene que venir eso de la conchinchina” de Petus a Doña Paula, el “se me ha quedado la mente en blanco” de Diego cuando fue el único que sacó un diez mientras el segundo sacó como mucho un seis, el día que le pegué una paliza al hermano de uno que había pegado a mi hermano porque era pequeño y no le podía pegar a él, las partidas de baloncesto furtivas de los viernes por la tarde en un chalet de la Sierrilla y otras anécdotas que ahora no me vienen a la cabeza pero de la que disfrutamos en cuanto nos juntamos más de dos de los de ‘aquellos maravillosos años’.
Lo bueno, también, era que, dado el emplazamiento del colegio, nuestro recreo era el parque del Príncipe y allí me pasé media vida corriendo de un lado a otro. ¡Así he salido de negrito!.
Todavía recuerdo la fiesta de despedida del colegio en la que, algunos de nosotros, fuimos camareros y dónde nos despedimos de algunos a los que, desde entonces, no he vuelto a ver. Me gustaría saber de ellos. Estaría bien una fiestecilla en la que nos juntaramos todos, ¿no?

Alfonso Muñoz, el timo Tato, Ricardo Pariente P omino, Julito Avila,morgado,migran y admirado Cambolla con su hermano Chiqui a la “CABEZA”; joder que cuadrilla, que años más de puta madre, que pedazo de niñez la nuestra, que buenos pipos y negativos nos han clavado, que pedazo de gruas de palillos que nos las pasabamos unos a otros con distinta nota, esas primaveras tirados en el cesped del parque del principe, los balonazos en la cara jugando al brilé, pero si es que hasta Jorge Marín ganó un pase de modelos. Joder que añoranza.